18 junio, 2021
Susana Moliner y Laura Szwarc
Susana Moliner y Laura Szwarc
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La enredadera. Cómo ser parte de la red

Hemos invitado a las agentes culturales Susana Moliner y Laura Szwarc a compartir en Poliédrica el proceso de creación de la primera Red de Espacios y Agentes de la Cultura Comunitaria del Estado español: la REACC. Responden a esta invitación con un texto coral, experimental y poético.

Se va enredando, enredando

Como en el muro la hiedra

Y va brotando, brotando

Como el musguito en la piedra

Como el musguito en la piedra

Ay sí sí sí

 

Violeta Parra

 

 

 

Son dos voces, la de Susana Moliner de Grigri projects y la de Laura Szwarc de Akántaros, que en el transcurso del texto se unen en una invitación al re-conocerse, a compartir el proceso de la REACC y a impulsar a que te unas. Un texto que intenta la voz plural, desde lo singular a lo colectivo.

 

La Red REACC es una asamblea abierta de diálogo y apoyo entre profesionales de las artes y la cultura comunitarias. Surgió en pleno confinamiento, en un contexto de distanciamiento físico, en el que emergen las necesidades de proximidad comunitarias, y donde creemos que la cultura, como bien común, juega un papel decisivo en el mantenimiento de los vínculos.

 

Desde la REACC se entiende por cultura comunitaria cualquier práctica artística que, en un mismo proyecto o actividad, involucra a agentes y a comunidades en procesos creativos de carácter colaborativo.

 

 

 

 

/ Primer movimiento /

 

 

Laura

 

Miro por la ventana, me acerco a la biblioteca, abro y cierro libros. Tendremos en breve una reunión de Akántaros.

 

Finales de marzo, comienzo de primavera y estamos en pleno confinamiento. O sea, “nos reuniremos” por zoom.

 

Este medio se volvió un pan cotidiano. “Un lugar común”. Y si bien es una suerte (de clase) las posibilidades que nos ofrece el poder reunirnos con personas de otros sitios al mismo tiempo, aunque en tiempos distintos, faltan los cuerpos, esos que produce la respiración, “un sentirse” que nos hace entrelazarnos hasta en el olor que emanamos.

 

Pero vuelvo a la ventana, a la biblioteca. A la hora del zoom y estamos hablando, formamos entre nosotros una red que ha ido creando/fomentando un vínculo dialógico y que, sin embargo, ahora se percibe aislada. (Nos) falta el hacer compartido en territorio, y faltan los partícipes-integrantes de la comunidad quienes completan, dan cuerpo al acontecimiento.

 

Pronto habrá otras reuniones de Akántaros y otras redes, compañeros de La Horizontal y La Tortuga. Entrelazamientos anteriores al Covid que nos permitirán encontrar nuevas formas de territorializar. Y reaparecen esas conversaciones donde las preguntas insisten, en “ese” malestar: la precariedad que rodea nuestro hacer y que, en semejante contexto, emerge con más fuerza.

 

Caen las acciones. Y no se trata, aquí, de la caída financiera. Podríamos decir que no se trata de la caída de la bolsa, sino que está en juego la vida. Y en un momento diferente pero, al mismo tiempo, impulsada por la llamarada del instante, esa pulsión a comunicarnos, otra vez, con La Horizontal, La Tortuga, Calatea, Grigri y Escena 17

 

 

 

Susana

 

Comparto este texto escrito el 19 de marzo de 2020 en Facebook:


No sé cómo vamos a sobrevivir en #Madrid con la vulnerabilidad extrema que arrastramos desde el sector cultural. Este #coronavirus nos obliga a salir de la ficción de la normalidad. En esta crisis vamos a visibilizar, o mejor dicho, vamos a tomar conciencia, por fin, de que nuestra precariedad material es insostenible, generando contenidos para instituciones culturales públicas y privadas a golpe de presupuestos nimios y condiciones laborales draconianas. En un contexto donde escasean espacios colectivos de lucha, reconocimiento y mutualización para poner en común la precarización del sector cultural, y sobre todo de la cultura entendida como bien común. Desde nuestro pequeño lugar, como el de tantos otros, no sé cómo se resiste a esto si no le damos una vuelta, real y concreta, a nuestros modos de vida, a la cadena de valor y a la organización social y política de nuestro presente. Y creo humildemente que la práctica artística, la producción cultural y la experimentación cultural de carácter comunitario es hoy más necesaria que nunca para parir otros mundos posibles y, sobre todo, vivibles.


Y me llama Laura. Me convoca a una primera reunión con diferentes espacios de Madrid. Un cambio de gobierno en el ayuntamiento, y ahora una pandemia, parecían ser el eco de una estirpe de plagas milenarias que acechaban nuestra ciudad.

 

Antes, en ese “antes” del comienzo de la pandemia y que ahora parecen siglos, nos atravesaban algunos interrogantes: ¿cómo podríamos poner en común las condiciones materiales de nuestro trabajo, una labor comprometida y en complicidad con las comunidades y su territorio?, ¿cómo hacíamos para salir de ese rubor que se abría cuando se querían aclarar las condiciones económicas del trabajo que realizábamos con amor, con el cuerpo y el compromiso?, ¿cómo negociar colectivamente con las instituciones públicas que te “contrataban”?, ¿cómo se señalaba, o mejor, se clamaba por el valor del trabajo cultural hecho no solo “para” sino “con” las comunidades y los territorios?, ¿cómo nuestro hacer hacia fuera, que se concreta en la apuesta por lo colaborativo y lo abierto, podría ser el andamiaje de una casa común a.k.a una red, un sindicato, desde donde reclamar condiciones más justas y dignas para las entidades y espacios que se encuentran, la mayoría de las veces, compitiendo por los escasos recursos?

 

Ahora, en este ahora, que parece que también se nos escapa, estas preguntas no solo se comparten sino que nos atraviesan a todas las entidades partícipes en esta reunión virtual. Se abre la idea de plantear/plantar una red.

 

 

 

La práctica artística, la producción y la experimentación cultural de carácter comunitario son hoy más necesarias que nunca para parir otros mundos posibles

 

 

 

 

Laura

 

El hilo de las alianzas/ ha penetrado en nuestro nido, sigue diciendo Violeta Parra.

 

Comenzamos a reunirnos de modo virtual, con mayor asiduidad, intercambiando información y comenzando a plantear una hoja de ruta y la necesidad de convocar y abrir el proceso, de ese llamamiento se desprenden las primeras constataciones:

 

> La invisibilidad de nuestro trabajo y la escasa capacidad de diálogo e interlocución con los distintos representantes de las administraciones públicas.

 

> La dificultad para sostener una actividad profesional de manera digna y continuada en el tiempo, como resultado de la situación de precariedad generada, entre otras cuestiones, por la inseguridad laboral de nuestro sector y la falta de visión y compromiso político con la cultura y sus profesionales.

 

> La imposibilidad de equilibrar de forma saludable y sostenible los tiempos y recursos entre vida personal y vida profesional/comunitaria.

 

> La ausencia de una articulación capaz de representar voces, sensibilidades y circunstancias del ecosistema de la cultura comunitaria caracterizadas por su pluralidad, mutabilidad y su capacidad crítica.

 

> El incremento en la incertidumbre laboral causada por la Covid-19 sobre cómo retomar la actividad tras una paralización inesperada y sin contar con medidas de apoyo y choque.

 

 

 

 

Las cosas están latiendo, surgen en un impasse. Se despliegan de la propia teoría del hacer comunitario y las prácticas. La urdimbre colectiva aflora en un instante de vértigo e incertidumbre. Nos necesitamos y lo sabemos.

 

Laura Szwarc, Susana Moliner

 

 

 

 

/ Segundo movimiento /

 

 

Laura

 

El Dr. Copeland es negro y piensa en el destino de la comunidad negra resignada al adverso sur estadounidense. Vive en uno de los barrios negros de la ciudad donde, por las noches, lee a Spinoza. A su alrededor la habitación se hallaba sumida en la oscuridad y debía acercar el libro al fogón para poder leer. No lograba comprender del todo el intrincado juego de ideas ni la totalidad de las frases; sin embargo, al leer intuía una poderosa y auténtica intención oculta en las palabras, lo que lo hacía sentir como si comprendiera.

 

Estas frases, que había encontrado en un artículo de Diego Tatián, me pareció que se adecuaban a las preguntas en este (otro) momento pandémico donde se consideraba la zona de las artes como zonas de ocio, “improductivas”. Sin embargo, se consideran de primera necesidad y hasta productivas, las actividades llamadas comerciales. Podemos ir a comprar zapatos, vestidos, camisetas. ¿Cuántos de estos objetos nos hacen falta para vivir? ¿Por qué priman estos razonamientos? ¿Y por qué se naturalizan como dificultades las de ciertos sectores y se niega la precariedad de los que sostenemos, hacemos, estamos imbricados con la vida misma, es decir las actividades artísticas/culturales/comunitarias?

 

 ¿Qué lleva a la escritora Carson McCullers –aún casi adolescente pero ya sin buena salud- a convocar a Spinoza en la exploración de las almas marginales que en el profundo Sur de larga memoria racista tratan de sobreponerse al desprecio y la violencia? No sabemos qué libro de Spinoza es el que leía el doctor Copeland esa noche, pero sin duda su interrogante y su asombro es por la mansedumbre, el conformismo y la complacencia de quienes padecen sometimiento e injusticia. ¿Por qué los seres humanos aceptan pasivamente la adversidad; más aún, por qué luchan por su esclavitud como si lo estuvieran haciendo por su libertad?

 

Hace tiempo que nuestros colectivos se niegan a aceptar pasivamente la adversidad. Y volvamos, de esta manera como si se releyeran las páginas de un libro, al por qué de nuestro deseo/necesidad de juntarnos, a pesar de las distancias y las dificultades.

 

 

 

¿Por qué se niega la precariedad de los que sostenemos y hacemos las actividades artísticas, culturales y comunitarias?

 

 

 

 

Susana

 

El parón que produjo la pandemia y la ola de feminismos que llevamos viviendo los últimos años, en la que se proclamaba la importancia de los cuidados y las tareas reproductivas para el sostén de la vida, generaron un precioso marco de espacio y tiempo para visibilizar la necesidad e importancia de los trabajos, de los cuerpos, de las ganas y de la escucha de las personas comprometidas con la labor comunitaria. Resignificando la importancia de la práctica cultural en la medida en que es capaz de crear o regenerar el vínculo social, de abrir la posibilidad de construir, en igualdad, imaginarios que fomenten la reciprocidad, lo comunitario y el bienestar colectivo, atendiendo a los recursos limitados del planeta que habitamos.

 

Porque hay otras maneras de hacer y producir cultura, de forma más sostenible y empática con el devenir colectivo. Desde esta red que estamos tramando apostamos por esa mirada y esas prácticas. Y desde esta enredadera queremos, además, aprender a cómo ser más operativos, cómo cuidarnos, cómo no obsesionarnos con los tiempos y sus demandas internas/externas, un ejercicio en el que tal vez haya que reaprender la lentitud para llegar más lejos.

 

Creemos que es posible transfigurar lo asambleario en un contexto pandémico; interpelar, nombrar, concretar, hacer visibles esas prioridades para que tanto las instituciones como la ciudadanía puedan asumir su responsabilidad, subrayando la “habilidad” que palpita en la palabra, tal como apunta Dona Haraway, aventurarse fuera de los senderos trillados para encontrar parientes inesperados, no natales, y entablar conversaciones, proponer y responder preguntas interesantes, proponer en conjunto algo imprevisto, asumir las obligaciones no pedidas por haberse encontrado. Eso es lo que he llamado cultivar la respons-habilidad.

 

Y vamos trayendo nuevos aprendizajes, nuevos interrogantes a esta red que sea tal vez la primera a nivel nacional, de agentes y espacios de cultura comunitaria, que hemos llamado REACC… Reacciona, únete.

 

 

 

 

/ Tercer movimiento /

 

 

Laura

 

Reunidos de nuevo en el zoom, en red, enredados, vemos cómo articular-nos.

 

Cómo articular, además, este movimiento social. Llamamos de este modo a cada movimiento barrial, comunitario; no es sólo una marcha, una concentración, sino el diálogo de los vecinos en el supermercado, de los vendedores y compradores de la comida cotidiana.

 

Se trata de no separar el hacer del arte con otro hacer, sino encontrar, recrear en común los modos de relacionarse. Se trata de mostrar, de distintas maneras, que no son naturales cosas que se suponen naturalizadas. Qué es posible encontrar otras formas de accionar. Y que estas son válidas si logran una nueva construcción. Es decir, no basta con sensibilizar, también hay que concretizar modificaciones. No basta con comprender que el inmigrante es un par, sino tratar de modificar reglamentos. No basta con comprender que el artista está precarizado, si bien ya es un gran paso, sino que habría que lograr que deje de ser, parafraseando a Kafka, un artista del hambre. Es decir, proponerse abordar las acciones desde lo artístico, lo social y lo político.

 

Tenemos que preguntarnos si hay en estos momentos posibilidad de organizarnos (o contra-organizarnos) en la esfera pública, si hay lugar para nuevos espacios de producción frente a lo ya establecido. Por ejemplo, ¿cómo reunirnos si hay un acceso restringido, podríamos decir desde siempre y tácito, del uso de lugares? ¿Acaso en tiempos sin y con pandemia van los trabajadores a los museos, aunque sea en días de entrada gratuita? ¿No se establece de manera implícita un “consumo” de espacios de la esfera pública? ¿Determinados cafés, restaurantes, parques, etc.? ¿Cómo congeniar estos espacios? ¿Es posible conciliar estas zonas con la expansión, digamos descontrolada, de internet? Aún aquí, en esta esfera, hay determinados nichos que no se entrecruzan.

 

 

 

Susana

 

Era y es el momento de salir, de afirmar y celebrar nuestra interdependencia, generando espacios de mutualización, de reconocimiento y de reivindicación. Y sí, reivindicar mejoras laborales y reconocer la imprescindible labor reproductiva de los modos de hacer de la cultura desde una posición de escucha y reconocimiento, gracias a la presencia y cuidado de un entorno de personas y espacios concretos, que se ven amenazados por la inexistencia de políticas culturales ancladas al territorio, por los escasos recursos públicos o ayudas por las que se tiene que competir y por un mundo postpandémico que se abre aséptico y con miedo a abrirse y adentrarse el que no es como tú.

 

 

 

 

/ Cuarto movimiento /

 

 

Laura

 

¿Cómo seguir organizándonos en este tiempo de pandemia y continuar enlazados después? ¿Cómo ser y saberse parte de/en la red?

 

 

 

Susana

 

Y ahí, en ese punto, se abre un desafío: construir un engranaje colectivo para poner en común nuestra realidad material y afectiva. Una red capaz de acoger a cualquiera, con el deseo de cuidar con esmero la porosidad de sus puertas y ventanas. Posibilitar una red que recoja el saber hacer de cada uno y que asuma la dificultad e incluso el desencuentro como parte del andamiaje necesario para generar un enunciado colectivo. Una propuesta que sea capaz de fermentar, con dulzura y determinación, las luchas e hilos hilvanados para experimentar en el presente modos de organización inclusivos, diversos y tiernos, muy tiernos. Y accionar, aquí y ahora, prácticas, modos y materiales concretos que construyan otros futuros posibles.

 

Por lo tanto, “abrir, significar y decidir”, los tres verbos que propone nuestra querida filósofa Marina Garcés para que ocurran cosas con capacidad de aprendizaje y transformación social. Y esta red está dispuesta para que otros se entrelacen y tengan sus lugares de confluencia, que son variados porque se descentran, porque existe la diversidad.

 

 

 

“Abrir, significar y decidir” para que ocurran cosas con capacidad de aprendizaje y transformación social

 

 

 

 

Laura

 

Una red “espiralada”, que en sus espacios (no neutros, sí confiables) y en sus modos de relacionarse con cada uno, con cada red, tiene en cuenta cómo operar los mecanismos interseccionados del poder hacer. Es decir, la enredadera toda.

 

Continuar aprehendiendo a sobrepasar los escollos y a posicionarse, a poner los cuerpos en reunión. Encontrar, tal vez, palabras capaces de sustituir un relato que oprime y que se naturaliza. Ir creando una realidad que no sea la impuesta.

 

La invitación a formar parte de la red está siempre abierta. Y parafraseando a Hölderlin que decía, lo que queda lo fundan los poetas, fundar con nuestra enredadera -en todo el espacio que queda, aunque para ubicarlo sea necesario desmalezar- una zona de continua cooperación.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre las autoras

Susana Moliner tiene una extensa experiencia en el diseño e implementación de programas de aprendizaje y experimentación artística. Es fundadora de la plataforma Grigri Projects, dedicada a la investigación, creación y producción cultural y que centra su área de actuación en el diseño participativo, la intervención urbana y los procesos comunitarios de carácter transdisciplinar. Ha coordinado proyectos en colaboración con diferentes instituciones educativas y culturales, tanto internacionales como locales: Rose des Vents Numériques, el laboratorio ciudadano Fuencarral Experimenta, JIWASA o Grigri Pixel en torno a las prácticas y estrategias colaborativas del continente africano en colaboración con la Agencia de Cooperación Internacional de España y Medialab Prado.

Laura Szwarc es escritora, artista escénica, arteducadora y activista cultural. A través de sus investigaciones y creaciones despliega experiencias que estimulan el pensamiento poético y crítico, así como el trabajo colaborativo en/con comunidades. Fundadora de la Asociación Cultural Akántaros, entidad intercultural y transdisciplinar, es también integrante de La Horizontal – Cultura de proximidad y forma parte de la Red Vincular De Creación Escénica Para Los Primeros Años (Latinoamérica). Entre sus publicaciones se encuentran los libros Palabras cantadas, Para mirarte mejor, Cántaro de letras, Entonces baila. El cuerpo como texto, Una y otra vez teatro, Abrir el juego (experiencias artísticas/educativas), Obras teatrales para todas las edades o Harina en vuelo (poesía); y ha podido compartir su trabajo en México, Guatemala, Ecuador, Panamá, Argentina, España y Cuba.

 

 

 

 

 


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