26 abril, 2021
Laura Fraile Vicente
Laura Fraile Vicente
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FAACCC: dos años de gestación contra la condescendencia, el buenismo y lo políticamente correcto en el ámbito social

La periodista i educadora social Laura Fraile Vicente narra per a Polièdrica la gestació del 1è Festival de les Arts Comunitàries de Catalunya (FAACCC), dissenyat amb entitats i professionals del sector, universitats i centres d'art.

“El festival es un espacio incierto e incómodo que quiere reconocer y movilizar en torno a las artes comunitarias”. Con estas palabras responde Josep Mª Aragay al reto de definir en una frase al que, del 11 al 15 de mayo, se convertirá en el Primer Festival de las Artes Comunitarias de Cataluña (FAACCC). Hoy es jueves 8 de abril, llevamos dos horas de conversación en la primera planta de la Fabra i Coats, y estamos rodeados de una decena de agentes culturales pegados al Mac. Prometí no hablar muy alto, así que pregunto bajito. Discretamente miro su cuaderno azul y una carpeta amarilla, repleta de folios garabateados con listas, ideas y tareas pendientes. A juzgar por todo este material, la gestación ha sido intensa.

 

“Hay dos años de trabajo para hacer este festival”, reconoce Josep con cierta cara de cansancio. Él es una de las cabezas visibles del equipo organizador, que cuenta también con profesionales como Marina de la Maza (coordinación), Hugo Alves (asesoramiento), Irene Alfambra (producción), así como un buen número de entidades que han ido incorporando su experiencia y aprendizajes. Para Josep, este festival no habría sido posible sin tres precedentes claros: el MEXE (Encuentro de Arte y Comunidad que viene celebrándose desde hace diez años en Portugal), el International Community Arts Festival de Rotterdam y la 1ª Fira d’Art, Cultura, Creació i Comunitat (FACC&COM) de Artibarri. “Hay otro precedente claro”, continúa Josep. “Entender que nuestro trabajo político no pasa por nuestra intervención social, sino por revisar cómo nos organizamos como entidad: qué tipo de personas están contratadas, cuántos chicos y chicas hay, qué sueldo tienen, cómo se toman las decisiones…”.

 

 


Nuestro trabajo político no pasa por nuestra intervención social, sino por revisar cómo nos organizamos como entidad


 

 

Acción política. He aquí una de las palabras clave de este festival. Sin miedo a nombrarla. Más bien, todo lo contrario. En la conversación salen otras: intentar hacer las cosas de manera distinta, problematizar, comunidad, salir de la endogamia… “No estamos a gusto con cómo se hacen las cosas en este sector, con cómo se entiende la participación, con cómo se toman las decisiones en la administración”, reconoce Josep. “Entendemos que la problemática social la hacemos entre todas y que necesitamos espacios formativos porque somos parte del problema”, puntualiza este educador social afincado en Barcelona.

 

Para hacer una cronología de este festival hay que remontarse al 2019. Josep menciona dos conversaciones clave que tuvieron lugar en ese periodo, ambas con comida de por medio. Una fue con Hugo Cruz (director del MEXE) y la otra con David Martínez (responsable de la entidad teatral La Nave Va). “Hablando con ellos entendí que podía ser interesante hacer un festival así aquí”, recuerda. Un segundo momento importante fue la selección de esta propuesta por parte de la convocatoria Art for Change, de Fundación “la Caixa”. “Fue un acto de atrevimiento, ya que presentamos un proyecto para generar cinco procesos artísticos y participativos”, explica Josep. La pandemia obligó a hacer modificaciones. “Lo aprobaron en octubre y en marzo nos encerraron, lo que también supuso una parada drástica de nuestras actividades presenciales. No nos quedó más remedio que hacer cambios. Este festival tendrá 40 actividades porque hubo seis meses de pandemia”, aclara.

 

En esta gestación hay otro momento importante: la presentación de la idea a la red Artibarri, una de las pioneras en este sector. “Su entrada nos ha servido para revisar la relación entre lo nuevo y lo antiguo. Artibarri tenía que estar y estará”, señala Josep, quien también forma parte de esta red a través del proyecto que coordina, Basket Beat.

 

 


No estamos a gusto con cómo se hacen las cosas en este sector, con cómo se entiende la participación, con cómo se toman las decisiones en la Administración


 

 

Este educador social es consciente de que festivales como éste son realidad gracias a un largo camino previo plagado de experiencias, proyectos, personas y mucho trabajo realizado desde el compromiso con las artes comunitarias para la transformación social. “Existen redes como el Observatori de les Arts Aplicades, Cultura de Base, la Asociación Profesional de Mediación Artística, Cultura Viva, festivales como las Jornadas sobre Inclusión Social y Educación en las Artes Escénicas del INAEM, la Semana Apropa Cultura, la FACC&COM de Artibarri…”, trata de resumir Josep.

 

Muchas de las entidades vinculadas a estas iniciativas han estado presentes en el diseño de este festival a través de numerosos encuentros: “A partir de noviembre de 2019 creamos seis grupos de participación que han estado reuniéndose hasta ahora. Varios de ellos han acompañado este proceso de una forma muy cercana”.

 

El primero de estos grupos es el de “expertos” o entidades profesionalizadas del sector. Entre sus integrantes están La Nave Va, Teleduca, Idensitat, Nadir, Artixoc, Transductores, La Fàbrica, Sisme Creatiu, Artibarri, Cultura Viva y Basket Beat. “Su función es acompañar nuestro proceso y aprender de ellos”, explica Josep.

 

El segundo grupo está constituido por universidades: INEFC, Universitat de Girona (UdG), Facultat d’Educació Social i Treball Social Pere Tarrés-URL, Universidade do Porto y Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Todas ellas han asumido la coorganización de la “Jornada d’Acció i Pensament: Reptes de les Arts Comunitàries”, que se celebrará el viernes 14 de mayo. “Se han reunido una veintena de veces para diseñar sus contenidos”, aclara Josep, quien anima a participar en ella a cualquier persona interesada en este ámbito, no sólo a estudiantes y profesionales del sector.

 

En uno de los momentos de la conversación, abre su libreta negra y hace un intento de contabilizar las horas dedicadas a esta gestación. “En tiempos de pandemia hemos llegado a las 30 horas semanales. Hemos tenido más de 100 reuniones con los grupos de participación, a las que hay que añadir entre 50 y 60 para presentar el proyecto a financiadores y posibles cómplices más los encuentros de comunicación, producción…” Imposible dar un número, pero tendría muchas cifras.

 

A los dos grupos anteriores hay que sumar cuatro más. Un grupo integrado por estudiantes del Máster de Mediación Artística de la UB y del Posgrado de Artes Escénicas y Educación del Institut del Teatre. Otro grupo formado por vecinas del territorio y uno virtual que se propuso como reto convocar al centenar y medio de entidades de artes comunitarias identificadas en Cataluña (se presentaron alrededor de 70). A todos ellos hay que sumar un cuarto grupo integrado por alumnado de prácticas de los másters de Mediación Artística y Musicoterapia, así como colaboradores de Basket Beat. En todo este proceso, el Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de Catalunya (CEESC) ha estado presente de una manera fundamental. “Nos ha ofrecido su apoyo en todo momento, formando parte del grupo de entidades”, explica Josep.

 

La pandemia y sus sucesivas olas han condicionado mucho la manera de concebir este festival. La cercanía, la piel, la mirada… han sido sustituidas por pantallas, zooms y abrazos virtuales. No ha quedado más remedio. Ha tocado renunciar, adaptarse, tirar de creatividad, ser camaleónicos… pero también posicionarse. El pasado 30 de octubre intentaron volver a los espacios de encuentro presenciales. “Organizamos la jornada FAACCC como una manera de resistir a la virtualidad y a qué decidieran lo que podemos y no podemos hacer en un contexto en el que todo estaba parado. Aguantamos hasta el día antes para hacerlo presencial, pero al final las medidas nos obligaron a hacerlo virtualmente”, recuerda Josep. Esta jornada, en la que se programaron acciones como un paseo artístico de exploración comunitaria, un programa radiofónico móvil o la presentación de investigaciones como “Enfortim les arts comunitàries”, sirvió como adelanto de lo que será este festival.

 

Dentro de este proceso, la Fabra i Coats se ha convertido en un cómplice clave. “Nos acompaña con la infraestructura, con la producción, con material, con financiación….”, comenta Josep, quien añade a esta lista de agradecimientos a la Fundació Carulla. En este caso, su entrada en el festival tuvo lugar en una segunda fase de la organización. “Han liderado varias actividades y están colaborando económicamente”, aclara.

 

Sus palabras están llenas de reconocimiento, pero también de crítica. De hecho, la imagen del festival es un corte de mangas. “Tiene diversas lecturas, pero pretende ser una señal del inconformismo e incomodidad con el sector. Es un gesto contra la condescendencia, el buenismo y lo políticamente correcto en el ámbito social”, explica Josep sobre el diseño del cartel, de cuya autoría es responsable Alberto Expósito.

 

 


Queremos generar un espacio transparente, colectivo, con conflicto (…) Queremos que sea un festival no sólo de profesionales, sino también de vecinas


 

 

Ante todo, este festival pretende ser un espacio de encuentro donde aprender, revisar nuestras prácticas, abrir nuevas posibilidades de reflexión y acción. “Lo mejor que puede pasar es que vengamos, nos encontremos y generemos espacios de encuentro donde la gente se divierta, aprenda y proponga. Queremos que este festival haga de mayonesa, que abra límites, que construya un espacio más grande, acogedor y crítico. Queremos generar un espacio transparente, colectivo, con conflicto, y que salgamos del cuadradito donde nos movemos. Queremos que sea un festival no sólo de profesionales, sino también de vecinas”, aclara Josep.

 

Conseguirlo ha supuesto un “esfuerzo titánico”, en palabras de este educador social. “Habrá espectáculos, procesos que acabarán en espectáculos, debates, formaciones, actividades específicas para el sector, talleres, experiencias… Este festival desborda la idea de proyecto y cualquier limitación espacial, temporal y económica”, continúa Josep, que ya está pensando en nuevas ediciones. “Haremos todo por que así sea”, indica al respecto.

 

A menos de un mes de la celebración de este festival, la maquinaria debe acelerarse. Producción y comunicación son los dos principales ejes de trabajo sobre los que incidir en las próximas semanas. El periodo de inscripción culminará el 3 de mayo e incluye diferentes precios según el tipo de actividad (5-20 euros por taller, entre 20 y 40 por la asistencia a las jornadas, aunque más de la mitad de las propuestas son de acceso libre y gratuito). También se han puesto a la venta abonos para dos días que tienen un coste de 50 a 60 euros. A cambio ofrecen cinco días para aprender, intercambiar, revisar, reconstruir… y explorar nuevos caminos para este nuevo mundo en construcción. “Hay una grieta en todo; sólo así entra la luz”, decía Leonard Cohen. A veces sólo es cuestión de estar dispuestos y atrevernos a abrirla.

 

 

 

 


 

El Festival de les Arts Comunitàries de Catalunya (FAACCC) es celebra de l’11 al 15 de maig de 2021 a la Fàbrica de Creació Fabra i Coats de Barcelona.

 


 

 

 

 

Sobre l’autora

 

Laura Fraile Vicente (Valladolid, 1985) és periodista i educadora social. Ha treballat com a redactora cultural al diari digital de Valladolid últimoCero del 2013 al 2016. Actualment viu a Barcelona, on treballa com a educadora social. Ha publicat 3 llibres: Mujeres que tararean canciones inventadas  (Zoográfico, 2014),  No puedo evitarlo  (Zoográfico, 2016), ambdós il·lustrats per Joaquín Aragón, i La siesta te hará engordar (2019), il·lustrat per Magdalena Ares.