25 maig, 2021
Sofía de Juan
Sofía de Juan
Entrevista

Modelos para una revolución lenta de la cultura rural comunitaria (II)

Continuació de la xerrada mantinguda entre Sofía de Juan i la gestora cultural de la Mancomunidad de Municipios Valle del Jerte, Amparo Moroño, sobre el projecte "Habitar el Palacio", un procés d'activació cultural comunitària entorn d'una arquitectura inacabada: el Palacio del Cerezo.

En aquesta segona part, Sofía de Juan planteja a Amparo Moroño qüestions sobre la posada en marxa d’Habitar el Palacio, posant l’èmfasi en les dinàmiques internes que acull aquest procés: les formes de relació, les polítiques de col·laboració i les pedagogies que es despleguen cap a l’interior en una proposta que implica el fet de caminar en múltiples direccions.

 

 

 

 

Torna a la primera part de l’entrevista

 

 

 

 

Cómo crecer en la quietud

 

 

El hecho es que las personas que creen que una gota de agua es simple, o que una roca es fija e inerte, son felices locos ignorantes y que los científicos que conocen que la gota de agua es un gran universo, la roca un mundo activo de partículas elementales moviéndose como cohetes, son locos inteligentes. [2]

 

 

Sofía de Juan: Vuestro proyecto propone la activación de una propuesta de mediación para un espacio cultural previa a la apertura del propio espacio, que permita trabajar con los y las habitantes las tensiones, fricciones, conflictos y deseos que genera el Palacio. Pero, además, hay un proceso de observación, comprensión y convivencia con los tipos de cultura que ya existen en el territorio, así como de detección, escucha y canalización de los intereses e inquietudes culturales con la ciudadanía para que esta habite ese espacio.

 

¿Por qué consideras estas formas de concebir y hacer cultura las más adecuadas para el Valle?

 

 

Amparo Moroño: Las pedagogías de la escucha están en la base de mi trabajo y esta es una actitud que difiere bastante del concepto tradicional de gestión cultural. Yo nunca me había considerado una gestora cultural y, ahora que estoy contratada como tal, intento encontrar una manera coherente y consciente de desarrollar mi trabajo. Yo me encuentro muy cómoda navegando en modos de producción cultural colaborativa, pensando y creando con las personas. 

 

En mi caso, mi experiencia en el ámbito de la pedagogía me ha permitido, aún sin presupuesto, priorizar el trabajo con la gente a través de conversaciones y acciones discretas a fuego lento. Las culturas habitan en las formas de vida de la gente así que, para trabajar coherentemente, es necesario ejercitar una mirada atenta al lugar y a la gente del lugar. De nada nos sirve lo empaquetado que viene de fuera. Eso no cala. La verdadera revolución en la cultura del medio rural está en los procesos de mediación, en las pedagogías, que son la base de una producción cultural crítica y situada. No se me ocurre otra manera de hacerlo.

 

 

 

 

“Las culturas habitan en las formas de vida de la gente así que, para trabajar coherentemente, es necesario ejercitar una mirada atenta al lugar y a la gente del lugar”

 

Amparo Moroño 

 

 

 

 

SJ: Y, ¿cómo se media sin intervenir? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre intervención y autonomía?

 

 

AM: Yo creo que, como mediadores/as, tenemos muy asumida una forma de entender nuestra labor como la de un sujeto que genera situaciones, generamos un contexto en el que puedan suceder cosas, y cuando generas esas circunstancias, estás poniendo sobre la mesa mucho de ti: de tus ideologías, tus imaginarios y tus intereses.

 

En este caso, tenemos un proyecto escrito y, tanto en las líneas de trabajo como en las metodologías empleadas, están presentes nuestras posiciones. A partir de ahí, debemos ser profundamente respetuosos/as y flexibles con lo que ocurra luego en esas situaciones. Tampoco debemos olvidar que pretendemos generar un proceso de crítica necesario desde el cual construir: hacer un camino que nos lleve de la crítica a la posibilidad. Este espacio tiene que ir acompañado de un proceso de mucha honestidad. Es cierto que no es fácil articular una propuesta de pensamiento crítico desde dentro de la Administración pública, hay un imaginario que nos lleva a pensar que dentro de la institución no puede haber debate, que no hay posibilidad de transformación que surja de impulsos internos, que lo crítico ha de venir siempre desde fuera, desde las posiciones no vinculadas a la Administración. Este es un debate antiguo y necesario, también en el mundo del arte y la cultura. Pero aquí estamos, intentando articular un proceso crítico en un medio rural desde dentro de la propia institución, que habita en un aparato administrativo cuyas limitaciones o posibilidades para con lo crítico no conocemos del todo.

 

 

 

 

“¿Cómo se media sin intervenir? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre intervención y autonomía?”

 

Sofía de Juan 

 

 

 

 

SJ: ¿Qué papel juegan los cuidados y los afectos en ese proceso?

 

 

AM: Mi experiencia de vida y de trabajo cada vez me reafirma más en la importancia de los cuidados, y en la creación y mantenimiento de espacios de protección y de sostenimiento comunitario. Creo que no podría acompañar un proceso como este desde otro lugar. 

 

En un contexto social como el que despliega este proyecto, en el que hay tantos agentes diferentes, con sus pasados y sus relaciones, es necesario romper dinámicas y viejos modos de relacionarse a través de una política radical de afectos. Si no, no podríamos avanzar en una hoja de ruta en la que tan importante es la escucha y la negociación. 

 

Se trata de un posicionamiento muy personal, en el fondo a todo el mundo le gusta ser escuchado, que exista un lugar para nuestras emociones y fragilidades en cualquier proceso colectivo y que estos procesos se desarrollen en un contexto de respeto por las personas que los protagonizan.

 

 

 

 

 

Cómo manejar un terreno en desnivel

 

 

Para organizar las fuerzas vitales tenemos que juntar todas nuestras habilidades, no sólo algunas. [1]

 

 

SJ: Este proyecto nace de una alianza desigual por naturaleza que, sin embargo, aspira a un trabajo horizontal ¿Cómo colabora un agente pequeño (cAnicca) con una Administración (Mancomunidad de Municipios Valle del Jerte)? ¿Cómo se manejan esas desigualdades en el día a día desde esa filosofía de cuidados?

 

 

AM: Las desigualdades de las que puede partir una alianza público-social y las relaciones entre sus agentes se visibilizan desde la propia concepción, y creo que es interesante evidenciarlas. Por ejemplo, cuando nosotros/as comenzamos a diseñar el proyecto, en plena pandemia, yo estaba en la fase final de mi contrato y se dieron las condiciones para que desde la Mancomunidad se me brindase la oportunidad de invertir un mes completo en la preparación del proyecto, dentro de mi horario laboral. Ese tiempo para pensar y dar forma a una propuesta con sentido fue fundamental, y es un tiempo del que a menudo no disponen los colectivos pequeños. 

 

La situación de cAnicca, como pequeño colectivo independiente, no es la misma. Se trata de una contradicción a tener en cuenta en alianzas de agentes que vienen de diversos ámbitos: por su naturaleza, los agentes no están en igualdad de condiciones, lo que exige que para abordar el trabajo con coherencia haya que tener esto en consideración a la hora de distribuir el trabajo, los tiempos o las responsabilidades.

 

Esta negociación ha supuesto un gran aprendizaje para nosotros/as, aunque podría haber sido una posible fuente de conflicto. El tiempo también puede ser un privilegio que nos coloca en lugares diferentes y hay que tenerlo presente.

 

 

 

 

“En los procesos culturales y pedagógicos comunitarios el tiempo es fundamental. Ese tiempo pausado y discreto, en el que se generan los vínculos y se enraízan las dinámicas, es necesario”

 

Amparo Moroño

 

 

 

 

SJ: Volvemos al componente político del tiempo…

 

 

AM: Sí. Pienso que hemos podido generar un proyecto con el que sentirnos cómodos/as porque le hemos dedicado el tiempo preciso para su concepción. Pero, también, porque el propio tiempo planeado para su futura duración es el que considerábamos necesario para la gestación y el desarrollo de esta propuesta y, a la vez, una reivindicación. En los procesos culturales y pedagógicos comunitarios el tiempo es fundamental. Ese tiempo pausado y discreto, en el que se generan los vínculos y se enraízan las dinámicas, es necesario. Y en esta frecuencia de la discreción me encuentro cómoda.

 

 

 

 

cAnicca

 

Estudio de arquitectura, diseño y urbanismo que desarrolla proyectos en busca de una transformación positiva y equilibrada en la relación de las personas y el entorno que habitan (habitamos).

 

En su trabajo, incorporan metodologías de participación y autoconstrucción, desarrollando los proyectos desde la colaboración entre ámbitos como la sociología, la pedagogía o el arte, entre otros, para abordar la complejidad de cada proyecto con un enfoque transversal.

 

Fundado por la arquitecta Thais Ibarrondo y el arquitecto Carlos Muñoz, el estudio cuenta desde 2020 con la también arquitecta Uxue Jauregi.

 

Fuente: canicca.org

 

 

 

 

 

Cómo cultivar un jardín integrado

 

 

La diversidad, no tiene tanto que ver con el número de elementos de un sistema, cuanto con el número de conexiones funcionales entre esos elementos. La diversidad no representa la cantidad de cosas sino la cantidad de maneras en que las cosas pueden funcionar. [1]

 

 

SJ: Y, en esta diversidad de sensibilidades, deseos, lugares de enunciación que es la alianza que pone en marcha este proyecto… ¿qué hay de común?

 

 

AM: Existe en todos/as un claro vínculo con la tierra: somos conocedores/as de lo que ocurre dentro y fuera de Extremadura en el ámbito de la cultura, y pervive en nosotros/as una voluntad profunda de trabajar para que territorios como este puedan protagonizar procesos de desarrollo cultural. Queremos que, en las realidades socioeconómicas menos privilegiadas, los procesos culturales también puedan ser espacios potenciales de desarrollo.

 

Pero, principalmente, creo que hay una sintonía total entre nosotros/as en la manera de entender el trabajo de producción cultural colaborativa y las dinámicas culturales en el medio rural, a pesar de que vengamos de ámbitos aparentemente diferentes. Carlos y Thais vienen del ámbito de la arquitectura, pero su formación y experiencia en procesos participativos nos lleva a encontrarnos en lugares comunes entre lo pedagógico, la mediación artística… Cuando hablamos con cAnicca de cuestiones éticas, teóricas, metodológicas, etc. las posiciones desprenden un compromiso claro con estas formas de trabajo y es ahí donde nos encontramos.

 

La Mancomunidad, además, lleva esa filosofía en su ADN. Es una Administración pública cuyo propósito es ofrecer y organizar servicios que contribuyan al desarrollo de la comarca. Así, inevitablemente, la gente que trabaja para esta Administración construye un compromiso con el lugar, que va fortaleciéndose poco a poco porque es su razón de ser. Soy una enamorada de la política y la poética mancomunada, me parece que refleja a pequeña escala la esencia de las administraciones públicas: la olla común, los recursos compartidos. Cada uno de los once pueblos por sí solos no podrían tener una trabajadora social, un informático, una técnica de cultura… pero uniéndose, entre todos pueden sostener una serie de servicios básicos y unas líneas de trabajo compartidas. Inevitablemente, trabajando en una estructura así haces tuyo el deseo de contribuir a que en estos lugares pasen mejores cosas y vas teniendo una comprensión más holística de los problemas.

 

 

 

 

“Soy una enamorada de la política y la poética mancomunada, me parece que refleja a pequeña escala la esencia de las administraciones públicas: la olla común, los recursos compartidos”

Amparo Moroño

 

 

 

 

 

Cómo potenciar el efecto borde

 

 

Un borde es la interfase entre dos medios, el lugar de encuentro entre dos ecosistemas, como el lindero del bosque, la orilla de un río, lago o estanque o al lado del mar. Se trata de un entorno sinérgico ya que apoya la actividad biológica de uno y otro lado de esta zona limítrofe y además, alberga las especies propias de sus condiciones, lo que lo convierte en altamente productivo, porque los recursos de ambos sistemas pueden ser utilizados. [2]

 

 

SJ: Y asumiendo vuestras diferencias, en este margen de encuentro tan fértil, ¿qué os aportáis los/as unos/as a los/as otros/as? ¿Cómo es ese trasvase de conocimientos que está sucediendo ahora y que es tan necesario para dar vida a la parte más ciudadana del proyecto?… ¿Podríamos hablar de un proceso de pedagogía interna?

 

 

AM: Lo más importante que está ocurriendo hasta el momento es ese proceso de pedagogía interna. Es interesante poner sobre la mesa que nosotros/as hemos diseñado el proyecto en un mes y ese documento, escrito entre personas que ni siquiera se estaban viendo físicamente, finalmente se ha convertido en la hoja de ruta de algo que sí va a ocurrir. Ahora hay muchas cosas que tienen que tomar forma, que nadie sabe cómo van a ser. Lo que tenemos es una declaración de intenciones, pero ahora es cuando los imaginarios y deseos que cada uno/a tiene en relación con este proyecto tienen que entrar en diálogo… Y tienen que empezar a emerger las negociaciones entre la pura Administración y las propias lógicas de un proyecto de estas características, que no se parecen en nada a cosas que hayan ocurrido antes en el ámbito de la cultura de este territorio y tampoco en las dinámicas de la Mancomunidad.

 

Así que gran parte del éxito depende de las pedagogías que despleguemos de puertas hacia adentro, asumiendo que la transformación global se irá gestando poco a poco en los procesos de transformación de las personas a nivel individual y en las dinámicas de trabajo conjunto entre ellas, tanto dentro de la Mancomunidad como en los diferentes municipios. El proyecto plantea un trabajo en red entre habitantes, personal técnico de las administraciones y representantes políticos. Se trata de agentes de naturaleza muy diversa y hay que encontrar estrategias compartidas de trabajo entre ellos. Sin embargo, vivimos con alegría las pequeñas transformaciones que estamos experimentando desde el mes de junio hasta ahora: el propio proceso de gestación del proyecto, las reuniones informativas, las experiencias de formación necesarias para asumir cada fase del proceso, las tomas de decisiones conjuntas… Todo ello está ya suponiendo pequeñas experiencias de cambio que observamos atentos/as e interpretamos en el marco del proceso global. Desde luego no estamos en el punto en el que estábamos en el mes de junio, ni como personas ni como equipo, y eso es buena señal.

 

 

 

 

 

Nutriéndonos de las malas hierbas

 

 

En vez de ver a las malas hierbas como atrofiadoras de los arbustos, y a los arbustos como lentificadores del crecimiento de los árboles, deberíamos tener, en cambio, una sensación de admiración y asombro ante la habilidad de todas esas plantas de crecer unas junto a otras en armonía. Las malas hierbas enriquecen el suelo. [4]

 

 

SJ: Para acabar esta conversación me gustaría invitarte a ahondar (aún más si cabe) en tu vivencia personal como mediadora: habitemos lo incómodo y aprendamos de ello ¿Qué vértigos te asaltan en este punto inicial del proceso?

 

 

AM: La realidad es que tengo muchos miedos:

 

Me da miedo incurrir en contradicciones, porque reconozco que el proyecto desprende una filosofía muy clara, pero la práctica es más compleja. La idea de democracia cultural es muy ambiciosa y el proceso que planteamos es todo un reto, al menos así lo interpretan las personas de la comarca con las que estamos compartiendo el proyecto hasta el momento.

 

También me asusta que el proyecto pueda verse frenado en algún momento por decisiones que estén fuera de nuestra capacidad de acción.

 

Soy consciente de la oportunidad que este proyecto nos brinda. Es un espacio buenísimo en el que poner en práctica muchos aprendizajes y líneas de trabajo que hemos venido fortaleciendo a lo largo de todos estos años de experiencia en el ámbito de las artes y la educación, aunque es inevitable sentir un poco de vértigo al comenzar un proceso de mediación de esta envergadura.

 

Pero, en el fondo, siento que se dan las condiciones para vivir una bonita experiencia de aprendizaje con todos los vecinos y vecinas de nuestros pueblos, y hay algo que me hace estar segura de que será posible, de que hay una forma viable de transitar este camino, aunque quizás no sea la que imaginamos en estos momentos.

 

Confío mucho en la gente del Valle. Tengo la certeza interna de que todo, poco a poco, va a germinar.

 

 

/ Noviembre 2020

 

 

 

 


Referencias

[1] [2] Extracto del libro El momento más terrible del día. Bill Mollison 

[3] Extracto del libro La revolución de una brizna de paja. Masanobu Fukuoka 

[4] Extracto del libro La senda natural del cultivo. Masanobu Fukuoka 


 

 

 

 

 

Sobre l’entrevistada i l’autora 

 

Amparo Moroño és la gestora cultural de la Mancomunidad de Municipios Valle del Jerte. Ve d’una trajectòria professional vinculada a l’àmbit de les pedagogies culturals o la mediació i això fa que entengui la gestió des d’un lloc que parteix de l’escolta, on es prioritzen els processos pedagògics que estan en la base de les experiències culturals, i el treball amb les persones. Un enfocament que, de vegades, resulta disruptiu enfront de la manera amb la qual s’enfoquen els processos culturals al medi rural o amb la qual es concep el perfil de gestora cultural.

 

Sofía de Juan és creadora-educadora i gestora cultural, especialitzada en fotografia i arts visuals. Actualment, és la responsable de l’àrea de mediació i accessibilitat cultural de hablarenarte. Lidera Plataforma Indómita, un espai d’art i educació que desenvolupa processos col·laboratius de cocreació i coproducció cultural, centrats en les persones i articulats mitjançant formats no convencionals, així com pràctiques artístiques lligades a l´àmbit comunitari. Llicenciada en Belles Arts (2001 UCM), amb un Postgrau en Art, cultura i intervenció social (2014).

 

 

 

 

 


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